Un descubrimiento aun no reconocido
Hace más de doscientos años, cuando el territorio que ocupa en la actualidad nuestro país aún llevaba el viejo nombre del virreinato de la Nueva España, un sabio venido de Europa que fijó su lugar de rescidencia en la muy noble y leal ciudad de México, Andrés Manuel del Río y Fernández (1764-1849), descubrió uno de los elementos químicos de la tabla periódica y norecibió el reconocimiento merecido.
Era el año 1801. Recién comenzaba el siglo XIX, que vería una serie de transformaciones: el afianzamiento de la ciencia como una actividad sistemática que contribuye al conocimiento del mundo y al mejoramiento de las condiciones de vida.
En el arte, el romanticismo se abría camino exaltando el sentimentalismo y de los excesos frente al racionalismo de la ilustración y de los neoclásicos. El elemento descubierto por Andrés se encuentra en el grupo 5 de la tabla periódica, tiene el número atómico 23 y el símbolo V. Fue nombrado así por el sueco Nils Gabriel Sefstrom (1787-1845),quién lo descubrió en 1831, pero antes tuvo otros nombres.
Su descubridor original quiso llamarlo Erythronium (en griego, eritros significa "rojo"), debido a que, al mezclarse con tierras y álcalis, forna sales que se vuelven rojas ante llamas y ácidos. Por el lugar de origen, se le ocurrió otro nombre llamado: "zimapanio".
Andrés llegó en 1794 a América desde España, donde había nacido. Aquí fundó la primera cátedra de mineralogía de América en el Real Seminario de Minería (1795) y fue el primer paleontólogo de México.
En la visita que el barón Alexander von Humboldt (1769-1859) hiza a la nueva España en 1804, Del Río le entregó muestras del metal. Humboldt entregó las muestras a Hippolyte Victor Collet-Descotils (1773-1815), del Instituto de Francia, quien las examinó y en 1805 dictaminó de forma equivocada que se trataba de un metal ya descubierto, el cromo.
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